Si no vas a hacer nada, no protestes


Hace unos días me llegó vía WhatsApp una campaña con artistas y personalidades del medio de la farándula de mi país. La campaña alertaba a las personas a no protestar. El mensaje en si era un despertar a la conciencia, con un poco de psicología inversa, pues decían “para qué vas a protestar si no vas a hacer nada?” Me quedé pensando en que realmente así debe ser: si algo te interesa de veras cambiar en tu vida, debes dejar a un lado la protesta y empezar a cambiar eso que te disgusta. 

Me divorcié hace un tiempo y parte de la sorpresa de la gente que me conocía es que protesté poco mientras veía el matrimonio caerme encima. Cuando le cuento la experiencia a alguien suelo decirle “Viví mi duelo ahí mismo, durante 8 meses. Di la alerta de que todo podría acabarse un día 1ero de enero, no vi respuesta positiva del otro lado del cuadrilátero y procedí a desapegarme emocionalmente. Un día, al cabo de 8 meses, tranquilamente le dije: te puedes ir, ya no queda nada aquí”

Es un aprendizaje que tuve en una charla de Martha Beato, que a pesar de que no es familia mía, llevamos el mismo apellido. Hizo una dinámica donde exponías en una carta dirigida a ella un problema para el que quisieras su consejo. Expuse de manera anónima mi caso matrimonial y su respuesta fue algo parecido a esto: Tú decides hasta donde aguantas la situación, sin embargo, debes escoger uno de dos caminos: o lo dejas y sales de esa relación que no te ayuda a ser feliz, o te quedas ahí para toda la vida. Sin embargo, si decides quedarte, no te quejes más de la situación. Tú calladita para siempre. Tú eres que sabes si lo vas a aguantar toda la vida. 

Creo que estás palabras tuvieron mucha incidencia en mi decisión. Di un chance más para poner las cosas en orden y la respuesta de la otra parte fue nula. 

Cuando tienes una situación que te molesta no es responsabilidad del otro remediar el problema. Tú tienes que dar el paso y empezar a cambiar esa realidad que te disgusta. Y poner al otro responsable a colaborar con la causa, pero si no ves respuesta alguna y tu intuición te dice que no es el camino correcto o el que te hará más feliz, entonces ahí tienes tu respuesta.

Pasa no solo con las relaciones, pasa también con el trabajo y con las decisiones muy personales. Si te molesta tu cuerpo, debes buscar la forma de dejar la queja y empezar a poner el orden que quieres, de la forma que puedas. Esto significa que si no tienes dinero  para una cirugía estética, entonces busca opciones que te acerquen al objetivo. Empieza a eliminar lo dañino de tu dieta y empieza a caminar o hacer algún ejercicio.
Si el trabajo que tienes te disguta, no tienes tomar la salida abrupta y dejarlo de inmediato. Pero si puedes ir preparándote para el siguiente paso, así sea estudiando otras cosas o empezando a participar en procesos de reclutamiento y selección. 

Sin mover un dedo tu realidad no va a cambiar. Eso te lo aseguro.

Hasta la próxima.

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