Cuando sabes que ya no perteneces

alas A veces las circunstancias, las personas y las relaciones cambian. Quizá no sea exactamente que hayan cambiado, sino que salió a la luz su verdadera esencia. Conocemos personas en determinados momentos, que nos muestran un lado de la moneda, nos creemos el cuento y continuamos allí, inmóviles, fieles a la relación, sin embargo, cuando llega un momento de vacío entre esa persona y tú, sientes que ya no encajas en la vida de esa persona, en ese empleo, en esa amistad, en esa casa, en esa relación amorosa. Puede ser que un hecho circunstancial haya provocado el distanciamiento, pero también se da el caso como dice una canción de Ricardo Arjona donde no puedes “encontrarle una pestaña a lo que nunca tuvo ojos”.

Llegado el momento en que sientes que ya no encajas allí, te preguntas por qué tardaste tanto tiempo en darte cuenta, por qué ya no existe la alegría por estar en ese lugar, o con esa persona en específico. La agonía de esa “muerte lenta” de la relación va drenando tus energías, y sabes que es un tema pendiente de tratar pero no quieres desestabilizar aún más esa relación. Hasta que alguien viene con una pregunta que te deja sorprendido, ensimismado en tus pensamientos, te deja reflexionando día y noche. Es ese momento cuando alguien te pregunta: “¿Qué pruebas estás esperando ver para darte cuenta de que esa relación llego a su fin hace tiempo?”. Cuando digo relación me refiero a cualquier tipo de relación, amistosa, de trabajo, de pareja, etcétera.

Yo creo mucho en las señales, es un aprendizaje de un grupo de mujeres extraordinarias que conocí que me enseñaron a identificar cómo Dios y la vida misma te van dando  avisos de lo que está por suceder. Agradezco tanto este aprendizaje que ya no vivo sin analizar todo lo que el camino me presenta y estoy más alerta, más consciente, más identificada con las circunstancias de mi vida. Las señales para responder la pregunta de mi amiga, expuesta en el párrafo anterior, ya me han sido dadas hace mucho tiempo. Es solo que no me decido a asumir ciertas consecuencias de cerrar una etapa de mi vida. Pido mucho a Dios que no me deje confundir una cosa con otra y que me de claridad de pensamiento y de sentimientos.

Hace un par de días vi un texto publicado en el fan page de Coaching para Mujeres. El título fue la señal más clara que recibí para todo este torbellino de pensamientos. El título de la lectura decía algo como “deja morir aquello que no te deja vivir”. Fue difícil ver ese título. Es tan fácil dar ese consejo, lo difícil es aplicárselo uno mismo.

Es salud mental acabar con las situaciones que te drenan. Son cambios que hay que hacer y los cambios molestan y mucho. El cambio tiene una curva impresionante de no aceptación, duelo, aceptación, etc. Pero es una situación que debe ser enfrentada. Tengo que reconocer que llegué al final de esta entrada y todavía no me convenzo de cuando y cómo será que asumiré ese cambio que me atormenta.

Mientras tanto me quedo con una gran verdad de la reflexión de Coehlo que siempre menciono “Cerrando círculos”:

“El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.”

Solo me queda tomar la decisión definitiva, en vista de que me la dejaron bajo mi responsabilidad hace un buen tiempo atrás. Ya veremos.

¡Hasta la próxima!

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