“¡Señora! ¿En su oficina hicieron café hoy?”

Cafe-Pendiente Dicen algunas personas que he conocido en estos últimos doce meses que debemos estar atentos a las señales, porque la vida siempre te presenta lo que está por venir y si prestas atención es posible que lo identifiques antes de que llegue.

Esta mañana al llegar a mi trabajo, me di cuenta de que había olvidado en casa mi lonchera con el desayuno y almuerzo de hoy. Solo pensé: “bueno, bajo al frente de la oficina y compro en el Frutero un plato de frutas y de paso me hace mejor a la salud, en especial después del día de ayer que fue feriado y comí demasiado”. Sin embargo, cuando regresaba de comprar mis frutas un vigilante de los restaurantes de comida rápida que tengo en frente, se me acercó y me hizo la siguiente pregunta: ¡Señora! ¿En su oficina hicieron café hoy?” Al principio no entendí bien lo que expresó. Le dije: “Perdón, no le entendí, dígame de nuevo” Me dijo: “A mí me hace más falta el café que la comida y hoy no me he tomado ni un chin de café” La verdad es que yo soy bastante “ñoña” con mi café y no salgo de mi casa sin tomar una taza. Le dije: “¡Ay! yo sé lo que es eso” a lo que el señor respondió: “¿Usted me hace el favor de regalarme un poquito de café de su oficina?” Le contesté que sí, y el señor se excusó por pedirme este favor.

Subiendo el ascensor hacia mi lugar de trabajo, analicé a profundidad esta solicitud y me pasaron tantas cosas por la cabeza. Al subir, le comenté a la joven que prepara el café y la misma me contestó: “¿Y quién habrá sido porque hay varios vigilantes?” Le comenté: “La verdad es que no sé si hay otros, pero ese señor se le veía la preocupación por su café, y uno cuando tiene las necesidades cubiertas la verdad es que no se detiene a pensar en lo que a otros les falta.” Ella de inmediato me comentó: “Voy a llevar unos vasos de agua que me pidieron y luego le preparo el vaso de café y se lo llevo, no se preocupe, yo se lo bajo”. Le di las gracias y volví a mi lugar de trabajo. Cuando la joven regresó me dijo: “¡Usted no sabe la cara que puso ese señor! El estaba esperando ese café que usted le prometió.”

Ayer me pasó que estaba pensando darle una propina a un señor que cuida un apartamento ubicado en una zona de playa de mi país. Al despedirme de él, me dijo: “¿usted me puede completar 20 pesos para yo comprar un botellón de agua?” Le contesté: “Claro que sí, solo que no le daré 20 pesos, yo estaba pensando darle 100” Me dio las gracias y me deseó buen viaje.

Y yo me pregunto: si la vida me está presentando gente con necesidades muy puntuales, ¿cuál será el mensaje que me están enviando? ¿Será que debo empezar a desprenderme de ciertas preocupaciones que he tenido recientemente y de verdad empezar a colaborar formalmente con alguna causa noble donde yo pueda poner al servicio mis dones o mis talentos a fin de lograr una mejor vida para otros? Son muchas preguntas que me dan vueltas en la cabeza. Siempre he creído que debo ponerme al servicio de algún voluntariado y siempre dejo esta tarea pendiente entre las metas de cada año. Antes de ayer ofrecí una charla a una fundación que trabaja en pro del desarrollo de las mujeres de escasos recursos. Este evento que para mí fue un salto a nivel profesional no fue pagado por la fundación ni la asociación que me solicitó, sin embargo, yo entregué cuerpo y alma en esa conferencia y siento como si me hubieran pagado millones. La verdad es que cada vez me convenzo más de que no estaré espiritualmente completa hasta que dé algo de mí a cambio de la satisfacción de otros. Tendré que abordar con seriedad este rol que estoy llamada a desempeñar. La verdad es que a mis hijos les dejaría un buen legado si me dispongo a colaborar desinteresadamente, y Dios y la vida devuelven de mil maneras lo que entregamos de corazón.

Volviendo a la historia del café del vigilante de en frente, recordé algo que leí en Facebook hace unos días. Se trataba de una tradición que existe en algunos países de pagar un café adicional para aquellas personas que no tienen con qué comprar y cuando las mismas vayan al restaurante o coffee shop puedan brindarle sin ningún costo un café. Buscando bien el concepto, me encontré esta descripción en Wikipedia:

Café pendiente es una práctica filantrópica que tuvo sus orígenes en Nápoles, Italia, en el año 2008. La idea supone una cadena de consumiciones de café. El consumidor paga el suyo primero y deja pago uno o varios más en carácter de “pendientes” para quienes no puedan pagarlo. Cuando las personas sin recursos económicos preguntan si hay algún café pendiente, si es el caso se le invita a un café que pagó previamente otro consumidor. Gracias a la inmensa difusión de estas prácticas mediante las redes sociales, se ha llegado a difundir en varios lugares del mundo.

Mi madre sueña con tener un coffee shop, cafetería, café o cómo le llames. Dice que sueña con un lugar donde las personas puedan ir después del trabajo, tomarse un café y relajarse, en tazas de su colección, antiguas, extrañas, particulares, etc. Es un sueño al cual yo le sumaría la iniciativa del café pendiente. Creo que sería un éxito total, en vista de las tantas personas que hay en las calles de mi país anhelando recibir cualquier cosa porque carecen de recursos económicos para sostenerse.

¡Mira si la vida da señales! Hace aproximadamente un mes estoy reuniéndome con una persona para escuchar sus problemas personales, y con el conocimiento que tengo sobre conducta y coaching poder ayudarle y precisamente me reúno en un café cerca de mi lugar de trabajo. Los cafés me persiguen y yo los amo.

Soy de las que pienso que si das, tiene que ser corazón y con desprendimiento. También pienso que el que da recibe. Dicen que hay que dar sin esperar nada a cambio, para mí, personalmente, no opino lo mismo. Pienso como me dijo una coach amiga: “Lo que das, en algún momento se devuelve porque si no sucede así, el ciclo de la vida no se completa”. Ella dice: “Si me invitas a tomar un café para darte un consejo o para orientarte, yo te doy el consejo y tú pagas el café” Puede sonar como una persona interesada pero realmente yo entendí que, de verdad, si no correspondes a lo que te dan, no habrá espacio para recibir en un futuro, pues te llenas tanto de que te den que luego no dejas espacio para recibir. Es matemática simple, como dicen.

Hoy doy gracias a Dios por las señales recibidas. Incluso, en días atrás estuve agitada y entrando en desesperación por unas peticiones que le he hecho a Dios. Sin embargo, ahora que recuerdo, alguien me dijo el día de mi cumpleaños: “Haz dado tanto y haces tantos favores para los demás en términos profesionales y personales, que yo estoy segura que lo tuyo, lo que estas esperando, está a punto de llegar. Es la paga por todo lo que has entregado desinteresadamente. Espera, que Dios te va a premiar muy pronto”.

A mí solo me toca una cosa: CONFIAR.

Hasta la próxima.

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