“¿Cuándo te das cuenta de que estás a mitad del camino y no debes rendirte?”

El título de esta entrada se lo debo a una persona que me hizo esta misma pregunta. En conversaciones anteriores,  esta persona me había dicho que me veía muy motivada en cuanto a mis metas. No se equivoca. Sin embargo su pregunta me dejó pensativa durante toda una semana y la respuesta me había pedido que la diera por este vía: mi blog. Aquí va mi respuesta.

Soy una persona criada por padres luchadores, que no se rinden fácilmente. Entiendo que parte de mi deber como hija es seguir estos modelos. Mis padres provienen de familias que manejaban escasos recursos económicos. Los dos tuvieron que trabajar muy temprano para conseguir cosas en la vida. Los dos, han tenido situaciones personales que atravesar y salir airosos de las mismas. Mi primera respuesta, tiene mucho ver con mis marcos de referencia,  es decir, mis padres, pues son modelos idóneos para copiar y superar cualquier obstáculo que se me presente.

En segundo lugar, puedo explicar que mi vida no ha sido quizá la de mayor riqueza monetaria, pero no me ha faltado nada. Sin embargo,  hay situaciones emocionales que aún si hubiera sido rica de cuna, necesitaría algo más que dinero para poderlas superar. Aquí entra el ingrediente principal de la respuesta a la pregunta que me hicieron: siempre necesité enfoque, fe y fortaleza.

Enfoque para descartar todo aquello que me alejaba del objetivo. Asumir una postura como los caballos que no miran hacia los lados me ha hecho indudablemente ganarme los títulos de “terca” y de “persistente”. Sí, lo admito, soy una persona que cuando el instinto me dice que tome un camino, nada humano me detiene. Dios en su infinito poder es el único que puede hacer que algo no me salga como yo quería. Y eso se lo respeto, porque entiendo que es Su Voluntad y Él es el único que puede hacerme cambiar de rumbo. Nadie más.

Fe. Este es un tema que “pica y se extiende” porque el ingrediente religioso no deja de estar presente. Anteriormente leíste que reconozco la presencia de Dios en mi vida. Sin embargo, en este sentido, no estoy de acuerdo en decir que la fe solo se tiene en Dios. También tienes que creer en ti. Yo creo que si no tienes suficiente fe en ti mismo(a) no podrás llegar a ningún lado. Quien vende, cede o traspasa (como dicen los contratos de venta) su identidad, conocimiento, inteligencia o capacidades es usted mismo(a). Usted es el termómetro que regula su vida. Como dicen, si no te gusta lo que tienes en este momento, trabaja para cambiarlo. Si no tengo fe en que soy capaz y puedo lograr las cosas, ¿quién se supone que me “promocione”? La promoción que debo darme a mí misma solo depende de mis esfuerzos. Y si creo que mis talentos se están sub-utilizando o no se están valorando, yo soy la única persona que puede hacer que esta “terrible realidad” cambie por completo. No siempre llega de inmediato el resultado del esfuerzo, pero es mejor seguirse moviendo para no perder la costumbre de trabajar en pro de nuestros ideales.

Fortaleza. Cito de Wikipedia: “… la fortaleza es una de las virtudes cardinales que consiste en vencer el temor y huir de la temeridad.” Vencer el temor significa irse más allá de lo que crees que eres capaz. Siempre me gusta preguntarle a las personas que me ponen muchos “peros” para lograr las cosas: ¿a qué le temes? Si trabajas en un lugar y ves que has desperdiciado muchos años y esperas por un milagro que aún no llega, ¿qué esperas para cambiar de rumbo? Si estas en una relación insatisfactoria y ves que pasan los años y lo que para ti significa ser feliz no tienes forma de evidenciarlo porque no se te nota, ¿qué esperas para ser el protagonista de tu propia historia? Ser feliz es una decisión personal, y quienes te acompañen deben sumarle a este objetivo, no restarle. Temeridad significa imprudencia, exposición excesiva a un riesgo innecesario. Entonces, “huir de la temeridad” lo interpreto como una forma de salvarse a sí mismo(a) si la situación lo amerita.

“¿Cuándo te das cuenta de que estás a mitad del camino y no debes rendirte?” En mi caso particular, cuando estos tres ingredientes están bailando pegaditos uno al otro. Porque si pierdo el enfoque en lo que quiero, dejo de tener fe en mi misma y pierdo en el camino la fortaleza para seguir, entonces habré abandonado este gran proyecto que crea en mi la ilusión de seguir. Hay decisiones que no están bajo mi control, por tanto, trabajo por aquellas cosas que sí puedo controlar, que si puedo manejar como me parece y una de ellas es mi actitud. ¿Por qué razón debo pensar en todas las cosas como negras, si yo misma tengo la posibilidad verlas blancas y radiantes? Si pienso en mi futuro como algo oscuro, entonces no habrán posibilidades de que se vea claro, porque soy yo misma con mis actitudes la que le estoy poniendo un color difícil de ver.

Para finalizar, a la persona que me regaló tan valiosa pregunta, le diré que una de las reflexiones que más me funciona cuando estoy en medio de decisiones y que tengo la incertidumbre a flor de piel es esta: “Cerrando círculos”. Hará que esta entrada se vea más extensa de lo acostumbrado pero valdrá la pena, porque funciona.

 

CERRANDO CÍRCULOS

Por Paulo Coelho. Novelista Brasilero

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente “revolcándote” en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.

Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente.

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú. Suelta el resentimiento. El prender “tu televisor personal” para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte mentalmente, envenenarte, y amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando “puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.

Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.

Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.

Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!

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2 pensamientos en ““¿Cuándo te das cuenta de que estás a mitad del camino y no debes rendirte?”

  1. Excelente artículo!

    ahora…¿cuando uno sabe que, por lo que tanto lucho esta a la vuelta de la esquina y no se debe permitir darse por vencido?

    Cito: la vida puede ser un campo de batalla… y a diario nos podran mil trabas… caer y levantarse pero por naturaleza no sabremos cuando es suficiente porque pensamos que siempre se puede dar mas… aunque recibamos menos… pero aun asi nunca nos rendimimos. (^-^)

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    • Gracias Elyn! Por tu comentario y aportes. Lo que me atrevo a preguntarte es: ¿tienes garantía de que eso por lo que tanto has luchado va a suceder? Puedes preguntarte ¿por qué no ha sucedido entonces? Siempre y cuando te sientas bien de estar “a la espera” entonces puedes quedarte esperando que suceda y no abandonar la lucha. Pero en el sentido opuesto: Si sientes que ya estas listo, ¿qué cosas dependen de ti para darle el giro que buscas a tus metas? ¿Estas siendo el protagonista de tus logros o estas esperando que alguien más los escriba por ti?

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