“Precio es lo que pagas, valor es lo que recibes”

Recientemente he visto que Warren Buffet ha publicado su carta #50. Al parecer es una tradición de la que solo tuve pinceladas y no me mantuve al tanto de la secuencia de las mismas. Solo sé que el magnate multimillonario tiene mucha sabiduría que mostrar y eso a mí siempre me ha llamado la atención: la gente que dice cosas interesantes y que pueden aportar a mi vida.

“Precio es lo que pagas, valor es lo que recibes”

Esta frase llamó mi atención al leer un artículo que mencionaba la carta #50. A decir verdad, no me terminé de leer el artículo y me detuve a redactar esta entrada en el blog. Sinceramente, al terminar de escribir volveré a la lectura y ya luego veré si me inspira a escribir otra cosa. Mientras tanto, analizo lo que me provoca a mí esta frase.

He tenido unos días intensos últimamente, de pensar y repensar qué quiero para mi vida. Siento que, hasta cierto punto, me he convertido en egoísta. Pasan los días y mi cabeza traiciona mi agenda, porque tengo los pensamientos volando más alto de lo que cualquier persona puede imaginarse. Situaciones personales han puesto mi cerebro en marcha y, en vez de hacerme desanimar, por el contrario, me han hecho justificar el esfuerzo extraordinario que estoy haciendo para salir adelante profesional y personalmente. Creo que estoy desarrollando una malla ciclónica anti-vampiros emocionales, algo así como que mis sueños no han podido ser atropellados por las opiniones o actuaciones de los demás. He pagado el precio (tanto mis padres como yo) de prepararme profesionalmente cómo lo he querido, y continúo haciéndolo. Ahora bien, ¿el valor que me ha traído esa preparación es el que realmente esperaba? Podría decirse que si, como podría decirse que no.

Podría afirmar que lo que he estudiado empírica y académicamente realmente ha dejado sus frutos: las relaciones valen más que el dinero. Hoy me encuentro en un mundo profesional del que tengo altas expectativas, sueños en proceso, y todo un mar de posibilidades que de solo pensarlo me mantiene las antenitas bien alertas. Siento que he aprendido a vivir despierta, a no dejar pasar las oportunidades, y a hacer nuevas relaciones (sanas relaciones) profesionales. Hay personas que no te aportan mucho, pero aun así debemos darle cabida para poder entender el lenguaje y la forma de ser de cada quien. Como dicen, hay de todo en la viña del Señor.

Ahora bien, vengo con mis preguntas: ¿lo que he hecho, hasta ahora, es decir el precio pagado, me ha retornado el valor suficiente para asumir lo que venga en el camino? Ayer alguien me hablaba de “quemar las barcas”. Mucho se ha teorizado sobre este punto, pero es para valientes asumir un reto personal y profesional de conquistar los sueños que siempre tuviste. Hay que ponerse bien ajustados los pantalones para saber que, no importa lo que venga, irás por lo que quieres, asumirás las consecuencias y por fin irás por ese camino que siempre soñaste.

Nos llenamos de excusas constantemente para no abandonar el estatus que tenemos, por quedarnos en una zona de confort que en verdad, al final, no “reconforta” para nada el alma. Cuando miras atrás y ves que por cobarde no te lanzaste, entonces es cuando te lamentas por haberte sentado a ver el paso de los triunfadores.

Una vez hice un ejercicio de reflexión de donde extraje las palabras “me niego”. Muchas personas critican mi actitud cuando hablo de este modo, pero es que en verdad me niego a muchas cosas solo porque “no tienen remedio” según dicen. Aquí tengo mi lista personal de las cosas a las que me niego:

  • Me niego a aceptar que alguien me ame menos de lo que yo me amo.
  • Me niego a vivir deseando ser otra persona. En mis manos está la responsabilidad de alcanzar ese “ser” que yo quiero ser.
  • Me niego a vivir envuelta en crisis económica y personal solo porque “las cosas son así” o porque “Dios así lo quiso”.
  • Me niego a sentarme a ver el paso de los triunfadores. Prefiero hacer mi propio camino y alcanzarlos para caminar de la mano.
  • Me niego a asignarle a la fama o la fortuna la responsabilidad por mi éxito futuro. Si otros nacieron ricos y famosos, yo tengo tanto o más posibilidades de serlo, porque yo aprendí poco a poco y esa experiencia no tiene precio.
  • Me niego (como vi en un artículo recientemente) a permanecer en un estado de “bienestar aparente”. Las apariencias no se hicieron para mí, no le temo a mostrarme cómo soy y a mostrar cómo están las cosas por aquí. Nadie es perfecto, yo tampoco lo soy.
  • Finalmente, me niego a no ser feliz. La felicidad es un estado personal, que cada quien lo vive como considera. Al igual que el éxito, cada quien tiene su definición.

Y tú, ¿qué precio estas pagando que te traerá valor?

Precio es lo que pagas, valor es lo que recibes. Si no estás haciendo bien las inversiones en tiempo, espacio, profesión, familia, pareja, hijos… ¿cuál será el retorno emocional para tu inversión?

¿Te están pagando realmente, en todos los aspectos (económico, emocional, familiar, laboral) por lo que tú vales?

Espero que estas preguntas despierten al verdadero ser que hay dentro de ti.

¡Suerte!

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