Artículo para compartir: SOLO TIENE MUJER…QUIEN PUEDE

ID-10049596A veces recibimos duras críticas, sólo por el hecho de ser mujeres. Dicen que somos complicadas, que no nos conformamos, que queremos al hombre perfecto.

Te invito a leer este artículo, tomado de la página https://nancyalvarez.com el cual les recuerda al sexo masculino que no es obligatorio estar con nosotras, pero si decides estarlo, compórtate a la altura del ejemplar que te tocó y demuestra que puedes tener el privilegio de acompañar a una mujer en el camino de su felicidad. Recuerda que no eres su felicidad, sólo una parte de ella que puede complementarla.

SOLO TIENE MUJER…QUIEN PUEDE

Escrito por Luis Fernando Veríssimo, escritor brasileño (Porto Alegre, Rio Grande do Sul, 26 de Septiembre de 1936)

La falta de respeto por la naturaleza ha afectado la supervivencia de varios seres, y entre los más amenazados está la hembra de la especie humana.

Tengo apenas un ejemplar en casa, que la mantengo con mucho celo y dedicación, pero en verdad creo que es ella la que me mantiene.

Por lo tanto, por una cuestión de auto-supervivencia, lanzo la campaña “Salvemos a las mujeres”.

Reciban mis pocos conocimientos sobre la fisiología de la feminidad, con el fin de que preservemos los raros y preciosos ejemplares que todavía quedan:

  1. Hábitat:

La mujer no puede vivir en cautiverio. Si está enjaulada, huirá o morirá por dentro. No hay cadenas que las aten y las que se someten a la jaula pierden su ADN. Tú jamás tendrás la posesión sobre una mujer en cautiverio; lo que la atará a ti es una línea frágil que necesita ser reforzada diariamente.

  1. Alimentación correcta:

Nadie vive de la brisa. La mujer vive de cariño. Désela en abundancia. Ese es tu problema…., porque si ella no lo recibe de ti, lo buscará en otro. Besos matinales y un “yo te amo” en el desayuno la mantendrá bella y perfumada durante todo el día. Un abrazo diario es como el agua para los helechos. No la dejes deshidratarse. Por lo menos una vez al mes es necesario, si no obligatorio, servirle un plato especial.

  1. Flores:

También hacen parte del menú. La mujer que no recibe flores se marchita rápidamente y adquiere rasgos masculinos como la brusquedad y el trato áspero.

  1. Respeta su naturaleza:

¿No soporta la TPM (tensión pre-menstrual)? sino cásese con un hombre. Porque las mujeres menstrúan, lloran por cualquier cosa, les gusta hablar de cómo les fue en el día, de discutir sobre la relación. Si quieres vivir con una mujer, prepárate para eso.

 

  1. No restrinjas su vanidad:

Es propio de la mujer hidratar su cabello, pintarse las uñas, pintarse la boca, estar todo un día en el salón de belleza, coleccionar aretes, comprarse muchos zapatos, pasar horas escogiendo ropas en un centro comercial. Comprende todo esto y apóyala.

  1. El cerebro femenino no es un mito

Por inseguridad, la mayoría de los hombres prefiere no creer en la existencia del cerebro femenino. Por ello, buscan aquellas que fingen no tenerlo (y algunas realmente lo jubilaron). Entonces, aguanta: Una mujer sin cerebro no es mujer, sino un simple objeto decorativo. Si tú estás cansado de coleccionar estatuillas, intenta relacionarte con una mujer.

Algunas te mostrarán que tienen más materia gris que tú. No le huyas, aprende con ellas y crece. Y no te preocupes; al contrario de lo que ocurre con los hombres, la inteligencia no funciona como repelente para las mujeres.

  1. Nunca le hagas sombra …

Si tú quieres ser un gran hombre ten una mujer a tu lado, nunca atrás. De esta forma, cuando ella brille, tú te broncearás. Sin embargo, si ella está atrás, tú recibirás una patada en el trasero.

  1. Acepte:

Las mujeres también tienen luz propia y no dependen de nosotros para brillar. El hombre sabio alimenta los potenciales de su compañera y los utiliza para motivar los propios. Él sabe que, preservando y cultivando a su mujer, él estará salvándose a sí mismo.

Mi amigo, si tú piensas que la mujer es demasiado costosa, vuélvete GAY.

¡Sólo tiene mujer quien puede!

Luis Fernando Veríssimo

 

“Mamá yo quiero ser grande como tú”

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Ella amaneció deseando muchas cosas: “Mamá yo quiero estar en un teatro,  y hacer trucos de magia” Hasta qué dijo las palabras más comunes que una niña puede decir: “Mamá yo quiero ser grande como tú”

Soy coach y soy madre. Realmente después que fui madre fue que me llegó la gran oportunidad de convertirme coach. Una función ya es indivisible e indispensable para la otra. Cómo coach, mi próxima pregunta fue sencilla: “¿Y para qué quieres ser grande como yo?”

La respuesta no ser hizo esperar. Ella quiere ser grande como yo, en primer lugar, “para alcanzar todas las cosas”. Mi hija hablaba de alcanzar el teléfono,  los objetos que quiere tener y no logra alcanzar, etcétera. Yo pensé inmediatamente, en cómo el ejemplo de madre que hayas tenido determinará en el futuro qué tan perseverantes serán nuestros hijos. No digo que sea así todo el tiempo,  pero prefiero ser para mis hijos un modelo de mujer que lucha por alcanzar todas las cosas (así como vi ese modelo en mi madre) en vez de que vea en mi una mujer que se rinde fácilmente ante los obstáculos.

Los hijos son nuestros mejores jueces, son los que ven las cosas desde un punto de vista no viciado, ven las cosas desde lo simple y así mismo te dan su opinión sin complicaciones ni prejuicios.

Nuestros hijos son nuestros mejores estilistas, siempre ven la belleza pura y simple, sin necesidad de observar detenidamente ese defecto físico que tú insistes en resaltar de ti.

Nuestro hijos son nuestra mayor fortaleza,  porque cuando te sientes abatido(a) y crees que el mundo se está acabando, unas palabras de tu hijo(a) que te diga “mami no llores” así como le dices tú a cada rato, hacen que valga la pena secarse las lágrimas y enfrentar lo que sea que tengamos como problema.

Nuestros hijos, con sus virtudes y defectos,  son nuestra mayor riqueza, el impulso más motivador que tenemos, y si nos ponemos a observar e interpretar detenidamente todas sus acciones y opiniones,  veremos que tienen en sí mismos la mayor de las verdades: el verdadero amor.

Te invito a que reflexiones sobre las conductas y conversaciones que tienen tus hijos y a descubrir el tesoro que encierran. Al final, para algo nos enviaron a esas pequeñas criaturas inquietas, para que nos atrevamos a ser nuestra mejor versión.

¡Feliz domingo!

Cuando tienes un proyecto no hay nada que te detenga

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El título de este post fue una frase de Martha Beato.

Lo traduzco asi:

Tienes puesto el ojo en el objetivo. Es así. No pierdes de vista ese norte. No duermes bien porque tus propios planes te espantan el sueño, pero sigues soñando. Y yo, desde aquí,  te lo aplaudo.

Bienvenido(a) al mundo de los que creemos que las cosas son posibles, si tú te lo propones.

No desmayes. No desistas. Te lo pido de favor.

“Prefiero el 50% del todo que el 0%”

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Cuando sabes lo que quieres, sabes exactamente lo que tienes que hacer para llegar a tu meta.

Muchas personas perdemos de vista el objetivo que pretendemos lograr porque no ponemos suficiente esfuerzo en hacer que las cosas sucedan. A veces, nos excusamos detrás de un esfuerzo “aparente” sabiendo muy bien que en verdad no estamos haciendo lo que deberíamos hacer.

Dar la milla extra en un trabajo no siempre trae sus resultados, sin embargo, cuando se trata de tu objetivo,  ese que a ti te apasiona y te llena de alegría y energía tan solo de pensar en el momento en que lo hayas conseguido, debes ser sincero(a) contigo mismo y hacerte las preguntas siguientes: “¿Es este mi mejor y mayor esfuerzo?” “¿Qué más podría hacer que me acerque al objetivo?” O una pregunta como la que me hiciera José Breton, propietario de Eccellenzza, una empresa de productos y servicios de consultoría y capacitación: “¿qué puedo hacer ahora (donde estoy) que me pueda ser útil cuando ya no esté aquí?” Confieso que esa ha sido una de las mejores preguntas que me han hecho para detenerme y pensar sobre mi estado actual y el estado deseado.

Si todo lo que hago es “demasiado” el esfuerzo para lo que quiero lograr, entonces ese no es el objetivo que en verdad me motiva lo suficiente. Punto para analizar.

Lograr lo que queremos exige esfuerzo y sacrificio,  de tiempo,  dinero y muchas otras cosas, pero créeme que, a pesar de que ves que es mucho, si en realidad no te pesa sino que más bien te motiva cada día más,  entonces creo que ya encontraste tu propósito de vida.

Prefiero saber que en lo que hago hay por lo menos el 50% de todo y no sentarme a esperar sin hacer nada y obtener el 0% de logros, y después acusar a otro de que no sucedió nada.

A tener esfuerzo y valentía es a lo único a lo que estoy llamada.

“Precio es lo que pagas, valor es lo que recibes”

Recientemente he visto que Warren Buffet ha publicado su carta #50. Al parecer es una tradición de la que solo tuve pinceladas y no me mantuve al tanto de la secuencia de las mismas. Solo sé que el magnate multimillonario tiene mucha sabiduría que mostrar y eso a mí siempre me ha llamado la atención: la gente que dice cosas interesantes y que pueden aportar a mi vida.

“Precio es lo que pagas, valor es lo que recibes”

Esta frase llamó mi atención al leer un artículo que mencionaba la carta #50. A decir verdad, no me terminé de leer el artículo y me detuve a redactar esta entrada en el blog. Sinceramente, al terminar de escribir volveré a la lectura y ya luego veré si me inspira a escribir otra cosa. Mientras tanto, analizo lo que me provoca a mí esta frase.

He tenido unos días intensos últimamente, de pensar y repensar qué quiero para mi vida. Siento que, hasta cierto punto, me he convertido en egoísta. Pasan los días y mi cabeza traiciona mi agenda, porque tengo los pensamientos volando más alto de lo que cualquier persona puede imaginarse. Situaciones personales han puesto mi cerebro en marcha y, en vez de hacerme desanimar, por el contrario, me han hecho justificar el esfuerzo extraordinario que estoy haciendo para salir adelante profesional y personalmente. Creo que estoy desarrollando una malla ciclónica anti-vampiros emocionales, algo así como que mis sueños no han podido ser atropellados por las opiniones o actuaciones de los demás. He pagado el precio (tanto mis padres como yo) de prepararme profesionalmente cómo lo he querido, y continúo haciéndolo. Ahora bien, ¿el valor que me ha traído esa preparación es el que realmente esperaba? Podría decirse que si, como podría decirse que no.

Podría afirmar que lo que he estudiado empírica y académicamente realmente ha dejado sus frutos: las relaciones valen más que el dinero. Hoy me encuentro en un mundo profesional del que tengo altas expectativas, sueños en proceso, y todo un mar de posibilidades que de solo pensarlo me mantiene las antenitas bien alertas. Siento que he aprendido a vivir despierta, a no dejar pasar las oportunidades, y a hacer nuevas relaciones (sanas relaciones) profesionales. Hay personas que no te aportan mucho, pero aun así debemos darle cabida para poder entender el lenguaje y la forma de ser de cada quien. Como dicen, hay de todo en la viña del Señor.

Ahora bien, vengo con mis preguntas: ¿lo que he hecho, hasta ahora, es decir el precio pagado, me ha retornado el valor suficiente para asumir lo que venga en el camino? Ayer alguien me hablaba de “quemar las barcas”. Mucho se ha teorizado sobre este punto, pero es para valientes asumir un reto personal y profesional de conquistar los sueños que siempre tuviste. Hay que ponerse bien ajustados los pantalones para saber que, no importa lo que venga, irás por lo que quieres, asumirás las consecuencias y por fin irás por ese camino que siempre soñaste.

Nos llenamos de excusas constantemente para no abandonar el estatus que tenemos, por quedarnos en una zona de confort que en verdad, al final, no “reconforta” para nada el alma. Cuando miras atrás y ves que por cobarde no te lanzaste, entonces es cuando te lamentas por haberte sentado a ver el paso de los triunfadores.

Una vez hice un ejercicio de reflexión de donde extraje las palabras “me niego”. Muchas personas critican mi actitud cuando hablo de este modo, pero es que en verdad me niego a muchas cosas solo porque “no tienen remedio” según dicen. Aquí tengo mi lista personal de las cosas a las que me niego:

  • Me niego a aceptar que alguien me ame menos de lo que yo me amo.
  • Me niego a vivir deseando ser otra persona. En mis manos está la responsabilidad de alcanzar ese “ser” que yo quiero ser.
  • Me niego a vivir envuelta en crisis económica y personal solo porque “las cosas son así” o porque “Dios así lo quiso”.
  • Me niego a sentarme a ver el paso de los triunfadores. Prefiero hacer mi propio camino y alcanzarlos para caminar de la mano.
  • Me niego a asignarle a la fama o la fortuna la responsabilidad por mi éxito futuro. Si otros nacieron ricos y famosos, yo tengo tanto o más posibilidades de serlo, porque yo aprendí poco a poco y esa experiencia no tiene precio.
  • Me niego (como vi en un artículo recientemente) a permanecer en un estado de “bienestar aparente”. Las apariencias no se hicieron para mí, no le temo a mostrarme cómo soy y a mostrar cómo están las cosas por aquí. Nadie es perfecto, yo tampoco lo soy.
  • Finalmente, me niego a no ser feliz. La felicidad es un estado personal, que cada quien lo vive como considera. Al igual que el éxito, cada quien tiene su definición.

Y tú, ¿qué precio estas pagando que te traerá valor?

Precio es lo que pagas, valor es lo que recibes. Si no estás haciendo bien las inversiones en tiempo, espacio, profesión, familia, pareja, hijos… ¿cuál será el retorno emocional para tu inversión?

¿Te están pagando realmente, en todos los aspectos (económico, emocional, familiar, laboral) por lo que tú vales?

Espero que estas preguntas despierten al verdadero ser que hay dentro de ti.

¡Suerte!

El que siembra espacios cosecha distancias…

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Cuando tienes esa sensación de que algo falta, tal vez pienses que no eres lo suficientemente agradecido(a) porque no te detienes a pensar en todo lo que la vida te ha dado. Sin embargo,  soy de las que pienso que conformarte con aquello que no gusta o te desagrada o no te complementa ni es parte de tu felicidad,  es morir lentamente en el intento de llegar a tu verdadero propósito de vida.

En numerosas ocasiones sacrificamos nuestra búsqueda de la felicidad solo por no cambiar el estatus que tenemos en el presente.

La vida es eso que te sucede mientras estás ocupado(a) haciendo otros planes. Siéntate a pensar en dónde quieres estar al final de este año. Normalmente nos ponen a pensar proyectándonos de aquí a cinco años. Puede que sueñes con cosas extraordinarias para dentro de cinco años, pero ¿qué estas haciendo ahora mismo para lograr tus metas al final de este 2015?

A largo plazo las metas se escriben y se leen hermosísimas,  pero ¿no te has puesto a pensar que si tu vida no puede ser diferente aquí y ahora, entonces las probabilidades de que sea como tú quieres en cinco años está muy lejos de la realidad?

Es momento de revisar todo aquello que deseas y empezar a sembrar poco a poco lo que quieres cosechar.

Si en tu relación de pareja no te sientes a gusto, es momento de plantearte la pregunta: ¿es esto lo que quiero para mi vida?

Si tienes un amigo o familiar que está acabando con tus energías, es momento de decidir qué quieres que suceda con ese vínculo que no te deja avanzar.

Como dice Facundo Cabral “desde ahora le puedes decir ¡basta!” Solo en ti está el poder de decidir.

No puedes seguir arrastrando las mismas insatisfacciones sólo por complacer a otros.

Si siembras espacios cosecharás distancias. Si siembras desapego cosecharás desamor. Si siembras dudas no cosecharás nunca la certeza. Si siembras comodidad nunca saldrás de la zona de confort. Si siembras indecisión cosecharás infelicidad.

El momento de vivir es aquí y ahora.

Decide lo que quieres sembrar.

Un mensaje para compartir: “Uno de estos días… “

Recibo en mi trabajo un correo diariamente, se llama “Mensaje del Día”. Siempre lo envía la misma persona, pero el mensaje de hoy quiero compartirlo contigo porque tengo la esperanza de que, como me pasó a mí, te mueva a la acción:

Uno de estos dias

Uno de estos días voy a jugar un rato con mis hijos, pero hoy tengo algo de trabajo por hacer.

Uno de estos días voy a dedicarle algo de tiempo a esa nueva idea, pero hoy hay demasiadas interrupciones.

Uno de estos días me voy a sentar y me voy a concentrar en mis metas, pero no es el mejor día.

Mañana nunca llega.
Siempre es hoy.

Las cosas que dejes para hacer uno de estos días nunca sucederán.

Es hoy el espacio en el cual puedes actuar, así que aprovéchalo al máximo.

No importa cuán lejos de ser alcanzadas estén tus metas,
no importa cuánto tiempo tomará completarlas, hay algo que puedes hacer al respecto, hoy.

Hay un paso que puedes dar, que te impulsará hacia adelante.

¿Qué cosas has estado planificando para uno de estos días?

Comienza a trabajar en ellas hoy mismo.

Encuentra algo que puedas hacer ahora, y sigue haciéndolo hasta que lo logres.

Trae tus sueños desde algún día a este día, y empezarás a hacerlos realidad, sin prisa pero sin pausa.

Que tengas una linda semana.

“No condenen a los divorciados, el amor muchas veces fracasa…”

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El título puesto en este post se lo agradezco a una gran amiga, conocida en el trabajo. Siempre me gustó su forma de ver la vida, sus planteamientos,  su firmeza,  cómo defendía su esencia a pesar de venir de una familia con reglas establecidas muy claramente. Ella tenía y aún conserva ese espíritu crítico, esa defensa de su propio ser, algo que a mi me llena de orgullo porque es precisamente mi filosofía: yo primero.

Soy de las que dice que no puedes sacrificar tu propio bienestar para estar al lado de alguien que pone en peligro tu amor propio y tu esencia. Eso que eres tú nadie más puede serlo. Igualmente,  eso que sientes o que sabes tú, nadie más puede sentirlo o saberlo. “El corazón de la auyama sólo lo conoce el cuchillo”, yo le agregaría que el corazón de la auyama lo conoce la misma auyama y sabe hasta dónde se deja clavar el cuchillo.

El título de este post lo vi en Instagram,  cuando mi amiga argumentaba que “el amor a veces fracasa”. Yo le creo. Estuve en una boda el viernes pasado y de la lectura bíblica utilizada recuerdo muy bien las palabras: “lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre”. No cuestiono asuntos de la Biblia, al contrario,  los respeto. Sin embargo,  cuando respetas a una persona no necesariamente estas de acuerdo con sus planteamientos. Eso me pasa con ese versículo. Lo que Dios ha unido, si conlleva la muerte de tu propia esencia, la amenaza constante a tu integridad física y emocional, la obsesión por controlar tu vida, entonces sí apruebo ¡que lo separe quien sea!

Así también hay otras situaciones que tomo de experiencias que conozco: si lo que Dios ha unido se convirtió en un exceso de dejadez, monotonía, conflicto, desinterés,  falta de empuje,  no hay proyecto en común, tienes al lado una persona que no te valora, que no renueva su amor por ti día a día, que no te busca sexualmente,  que no arde de pasión por ti, que no se supera a sí mismo(a), que no tiene misión ni visión de su vida y que en vez de avanzar retrasa tus metas, entonces que si sea separado por quien sea.

Cuando me entero de que alguien se divorció,  no me gusta opinar. Mi madre tiene una amiga que dice “tu eres tu propio termómetro,  tú sabes hasta donde llegas”. Y así es. Cuando una mujer o un hombre tienen mucho tiempo casados, es difícil entender que “después de tanto tiempo” hayan tomado la decisión de divorciarse. ¿Usted estuvo en ese matrimonio viendo toda la dinámica que se vivía? ¿Usted sabe quién daba más y quien daba menos? ¿Usted estuvo presente en las peleas y los reencuentros? ¿Usted conoce a profundidad los deseos y expectativas de cada uno de los cónyuges? Si su respuesta para estas preguntas es “no” le sugiero no opinar. Usted no estuvo ni estará ahí nunca. Así que limítese a respetar las decisiones de la otra persona.

En sesiones de Coaching,  el Coachee decide hacer cosas que no necesariamente son del agrado del Coach. Y dentro de nuestro código de ética de coaches no podemos señalar el camino que deseamos o que creemos correcto para el Coachee. Nos limitamos a respetar su decisión.

Por si no lo sabías, yo también me divorcié, y de una relación que fue perfecta hasta que pasaron 3 días de habernos casado. Una experiencia difícil, pero enriquecedora. De hecho, pienso que fue la plataforma ideal para entender lo que no se debe perder de uno mismo en una relación. Esa experiencia me permitió definir la persona que ves hoy. Nunca arrepentida de ese capítulo de mi vida, al contrario,  muy agradecida.

Gracias a mi amiga del alma que, en la distancia, conservo su recuerdo y cariño. Me inspiraste a escribir. De eso se trata mi blog,  de experiencias, y su creación fue precisamente porque necesito a veces sacar de mi todo lo que pasa por esta cabeza inquieta.

Hasta la próxima.

¡Cuando la incertidumbre ataca!

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A veces entramos en una ola de incertidumbre. Parece que todo a nuestro alrededor no tiene avance, vemos todo estático. Yo le llamo “frentes abiertos”. Lo defino así: son situaciones que tienes en tu vida que estas gestionando para que se solucionen, se arreglen, se definan, finalicen, etc. A veces quisieras que las cosas tuvieran los finales que quieres pero no siempre sucede así.

A mí, lo que me sucede ante estas situaciones son preguntas: ¿Qué pasa si tomo la decisión definitiva y el resultado no es el esperado? ¿Cómo puedo gestionar las cosas si veo que todo está detenido, sin respuesta? ¿Cómo puedo manejar la incertidumbre que tengo? La respuesta, a pesar de que llegar a ella se me hace bien difícil, siempre es la misma: ESPERA.

Soy de las que pienso que cuando tienes que tomar decisiones o llegar a conclusiones sobre asuntos que tienen impacto en tu futuro debes tomar las cosas una a una, analizarlas y en definitiva (por el momento) no hacer nada. ¿NADA? Si, como lo leíste. Nada.

¿Por qué entiendo que debes aquietarte? Porque en la incertidumbre no se piensa, ni se analiza, solo se decide, y hay muchas emociones y sentimientos involucrados como para que te des el lujo de tomar una mala decisión. Siempre se ha dicho que “el tiempo de Dios es perfecto”. Es una frase corta, pero que conlleva un gran ejercicio de autocontrol, fe, esperanza, disciplina, pensar en positivo, confiar en la vida y confiar, por sobre todas las cosas, en Dios. A mí me costó mucho trabajo aprender a hacerlo, y con esto no te digo que no pasé por mis periodos de incertidumbre. Sin embargo, aprendí en un curso que se hablaba de la Teoría Sistémica, que “todo lo que tenga que ser, será”. Hay que darle paso a la incertidumbre para que se pasee por nuestras vidas, pero no podemos ponernos a su lado a caminar con ella. No lograremos nada, solo preocuparnos.

Yo soy muy controladora (me lo han dicho muchas veces y tengo que aceptarlo), me gusta controlar el principio, el desarrollo y el final de los eventos en mi vida. Pero a veces, tanto control me descontrola. El año pasado fue un año muy difícil económicamente, y no hay mejor maestro para mí que la crisis económica: cuando no tienes dinero para resolver y por más que buscas no aparece, solo te toca sentarte a esperar que las puertas que tocaste te den el chance y se abran para ti.

Ayer le comenté a una persona: “no descansaré hasta que una universidad me abra las puertas”. Y luego me di cuenta de que justamente en días pasados estuve revisando unos correos que había enviado para aplicar como docente en unas cuantas universidades de mi país. Todavía mi respuesta no ha llegado. ¡Y revisando el correo me di cuenta de que tengo 3 años tocando puertas! ¿Por qué no me he detenido? Porque es parte de mis metas. Punto. He tenido momentos de incertidumbre donde creo que los esfuerzos realizados no darán su fruto, entonces me detengo, analizo, me quedo quieta, y cuando ha pasado ese malestar de incertidumbre pienso: “tienes que seguir tocando puertas”. Si decido reaccionar al momento de sentir que la incertidumbre me invade, puede que me quede con esa insatisfacción de que no haya logrado la meta. El resultado posterior será que me desanime y abandone el objetivo. ¡Un lujo que no me puedo dar!

Persistir pero sin llevar la incertidumbre debajo del brazo como si fuera una biblia, pienso que es la clave. Te pido que no te dejes abrazar por ese sentimiento de angustia, mejor tómate un momento para salir de tu situación y verlo desde afuera. Detente, analiza, piensa en frío. Ya después podrás decidir conforme la razón y al corazón.

¡Suerte!