Cuando los planes no salen como esperabas

“Es cuestión de persistir. En cualquier momento la llave deja de gotear y se abre a chorros”. Palabras sabias. Provienen de una persona que conoce la carencia y, de haber hecho muchos esfuerzos y sacrificios, ya conoce la abundancia. Lo mejor que tiene es que es una mujer, madre y esposa. Luchadora incansable, sostén y apoyo de su familia. Para esta entrada ella me trajo inspiración. Gracias a esa persona, a la cual le compartiré este escrito más adelante.

A veces planificas las cosas como si fueras Dios. Entiendes que todo lo que estás haciendo necesariamente saldrá como esperabas. No hay fallo que se vislumbre en el horizonte. Raras veces es así. Me recuerda un escrito que leí hace mucho tiempo, que se llama “No Desistas”. Mi madre me lo regaló en una tarjeta y, para compartirlo, esta vez lo encontré en el blog https://verbiclara.wordpress.com:

Cuando vayan mal las cosas como a veces suelen ir, cuando ofrezca tu camino solo cuestas que subir, cuando tengas poco haber pero mucho que pagar, y precises sonreír aun teniendo que llorar, cuando ya el dolor te agobie y no puedas ya sufrir, descansar acaso debes ¡pero nunca desistir!

Tras las sombras de la duda ya plateadas, ya sombrías, puede bien surgir el triunfo no el fracaso que temías, y no es dable a tu ignorancia figúrate cuán cercano pueda estar el bien que anhelas y que juzgas tan lejano.

Lucha, pues por más que tengas en la brega que sufrir, cuando todo esté peor, más debemos insistir.

*Joseph Rudyard Kipling (Bombay, 30 de diciembre de 1865–Londres, 18 de enero de 1936). Escritor y poeta británico nacido en la India.

Pero, ¿qué pasa cuando llega ese día en que no estás muy animado(a) y empiezas a pensar que todo lo que has hecho no es más que un tiempo precioso que has perdido? Ahí radica la diferencia entre los que ganan y los que pierden. Todo depende de la decisión que tomas en ese preciso momento: ¿sigo o me detengo aquí?

Hace unos días leí una frase que decía algo como esto: Decide si te lanzas a triunfar o si tú sientas a ver el paso de los triunfadores. No recuerdo bien si así era exactamente la frase, pero el mensaje me llegó.

En esos días en que quieres confundir tu ánimo con el clima, con la situación económica, con la presión social, con la opinión de tus familiares o amistades… Pregúntate si de verdad es el sentimiento o la emoción que en verdad quieres potencializar. Las historias que te cuentas son las verdades que te creas. Es cierto que el reloj avanza a un paso rápido, pero de ti depende si decides rendirte o continuar en tu lucha por conquistar tus sueños. Las excusas para no dar tu milla extra para tu desarrollo sólo son válidas si tú primero te las crees. Cuando me certifiqué en Coaching, Arturo Orantes decía muchas veces “el lenguaje crea la realidad”. Entonces si de verdad te crees que porque las cosas a tu alrededor no marchan como debieran ya fracasaste (de acuerdo a tu punto de vista), entonces debes revisar qué mensajes te estas enviando al cerebro.

Lograr el éxito no es tarea fácil, y cada quien tiene su propia definición de éxito. La tuya es personal. Solo te pido que en el camino que decidiste trazarte para llegar a tú éxito, mantengas los ojos bien abiertos a lo que te rodea. No te dejes engañar, no pierdas de vista el objetivo. Es tú objetivo y de nadie más.

Te escribo todo esto, porque hoy amanecí con mi cabeza llena de engaños, llena de ideas pesimistas acerca de mi desarrollo profesional. Sentía que he estudiado mucho y que las inversiones realizadas aún no se traducen en desarrollo económico. Tengo sueños que no he logrado cumplir, y hoy una voz dentro de mí se empeñaba en hacerme sentir una perdedora. Me atrevo a pensar que mi día empezó así porque no se lo entregué Dios en oración. ¿Quién sabe? Por lo pronto son mis creencias.

Volviendo a la persona que me inspiró escribir este post, te diré que sus palabras hicieron que me despertara de mi “día gris”. Ya cambié de ánimo: mis planes siguen en marcha, estoy llamada a esforzarme, ser valiente y tener ánimo. La Biblia lo dice. Y también dice: “Los planes que tengo para ti son planes para prosperarte y no para dañarte” en el libro de Jeremías, capítulo 29. Y yo digo que así sea. Recordé también estas palabras de Julio Bevione:

“A veces la última llave es la que abre la puerta. Sigamos intentando.”

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