Tus marcos de referencia

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En nuestro día a día, vamos formando patrones de conducta que no necesariamente obedecen a nuestros deseos. Es decir, a veces decimos que una persona es o no es tal forma, olvidando que quizá su deseo no sea exactamente ser de la forma como lo perciben los demás.

En relaciones interpersonales, sea de amistad, con los hijos, entre colegas o de pareja, muchas veces encontramos barreras que se interponen en nuestra relación con la otra persona. Acusamos al otro de ser de una forma que perjudica nuestra interacción con esa persona. Por ejemplo, conozco padres que su única relación “conversacional” con sus hijos es para criticarles, reprocharles, etiquetarles e incluso ofrecerles castigos físicos. Estos castigos a veces no llegan a cumplirse, porque el niño o el adolescente saben que quien ofrece normalmente está tratando de interponer su autoridad y establecer con el “miedo” una línea de “respeto” de su hijo o hija para con su progenitor. Tengo que colocar entre comillas estos términos, pues realmente con la crianza “a la antigua” no hemos logrado muchas cosas positivas. No quiero ponerme de lado del que dice que con una buena “pela” detenemos muchos problemas a tiempo. Tampoco quiero ser más permisiva y flexible, al grado de que perdamos de vista el objetivo de que tenemos que criar nuestros hijos con las normas sociales y las reglas básicas de convivencia. Todo debe balancearse.

Dicen que porque soy psicóloga voy más con la corriente de no golpear a mis hijos. Lamentablemente, desde mi humilde opinión, no hemos logrado nada que aporte al crecimiento del individuo como ente social si lo criaron a golpes para educarlo. Según lo que observo, lo único que hemos logrado es tener adultos emocionalmente analfabetos, hombres y mujeres que no saben ser objetivos a la hora de establecer reglas de comportamiento con sus hijos. Adultos que no saben auto controlarse a sí mismos y para poder ejercer su autoridad prefieren el azote y el etiquetar a sus hijos sólo para darse cuenta al final que su “exceso de autoritarismo” no le deja ningún resultado positivo en la interacción personal con sus hijos. También logramos adultos que no saben resolver problemas de manera objetiva o que prefieren evadir conversaciones para la resolución de conflictos.

Debe ser muy duro que un hijo te diga en tu cara que no le gusta que le grites constantemente, que no le gusta que lo etiquetes. Y es que hemos perdido de vista que violencia no solamente se refiere a dar los golpes que el muchachito se “merece”. La violencia parte de tus propios marcos de referencia, de tu propio esquema mental, pues no has sabido canalizar ni madurar los puntos de vista que te inculcaron tus padres.

Una vez realicé un curso de Coaching Sistémico donde se utilizaba mucho la frase “pide permiso a tus ancestros y pídeles que te permitan hacerlo diferente”. Las reglas de comportamiento son las mismas, pero la forma como nos las vendieron anteriormente ha evolucionado. Tenemos niños y adolescentes en medio de un mar de información, que saben cuáles son sus derechos. Una campaña de un canal de televisión que ve mi hija dice “bullying es inaceptable”. Bullying es cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico producido entre escolares de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado tanto en el aula, como a través de las redes sociales (Fuente: Wikipedia). Entonces yo te pregunto: ¿Será que el bullying es inaceptable en la escuela pero es permitido para papá y mamá? A pesar de que te hayan criado con reglas inquebrantables de autoridad, piensa en que lo único constante es el cambio, tus hijos están en una época de cambio muy rápida y con acceso a informaciones que pueden hacerles ser mejor o peor persona, pero hasta donde sé, en este momento no hay ninguna información agradable que esté relacionada con aceptar el maltrato en el hogar.

Te invito a romper tus patrones arraigados y a documentarte mejor sobre la forma de criar a los hijos. Una cosa es autoridad y la otra abuso. Hay mucha información disponible para estos fines.

Para finalizar te dejo una frase que tocando este tema me dijo una amiga que estimo mucho: “Mis hijos son personas, y como personas pido que se les respete, porque sin importar su edad, ellos merecen también respeto”. Para mí, esta frase fue como Palabra de Dios.

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