¿Colecho o no colecho? Todo depende.

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Mucho se ha hablado ya de “colecho”. A menudo leo blogs y artículos relacionados al tema. Se trata de una práctica que, en mi opinión, cada pareja o progenitor decide cómo llevarlo a su manera.

Después del nacimiento de mi segundo hijo, Sebastián, mi hija mayor ha decidido establecer una rutina alternativa a la que le acostumbramos. Montserrat decidió iniciar su momento de sueño nocturno en mi cama.

¿Por qué digo que cada progenitor practica el colecho a su manera? Sencillo. El termómetro de la relación con tus hijos lo determinas tú. Dejamos que mi hija mayor se duerma aquí en mi habitación y luego, como a los 10 minutos de estar dormida la llevamos a su habitación,  en la cual duerme desde que tenía 4 meses.

Esta madrugada,  justo ahora a las 4:30am (sí, definitivamente mis hijos son la inspiración de este blog) mi hija decidió regresar a mi habitación. Aquí el punto relevante no es precisamente si regresó o no. Mi esposo y yo,  al mismo tiempo nos trasladamos a su habitación para devolverla a su rutina de sueño. Lo ideal en estos casos, es tener una relación de armonía, tolerancia, respeto mutuo y por supuesto, lo más importante: un criterio de pareja y de padres unificado.

Una de las mayores causas de divorcio es la desigualdad de opiniones y un criterio de crianza basado en la competencia (a quién le enseñaron qué en su casa, y cuál es la mejor forma de educar). Mi esposo y yo tenemos muchas diferencias, como cualquier pareja. Sin embargo, al momento de aplicar disciplina, tomamos una esquina del cuadrilátero y nos unimos para enfrentar estos jovencitos que quieren manejar las situaciones a su antojo.

Te sugiero,  no tanto llevarte del consejo de si es bueno o no el colecho, sino más bien, entender la dinámica de tu hogar y la forma de ser de tus hijos.

Esta madrugada, gracias a Dios, Montse no tenía ningún padecimiento, ni pesadillas, dolor,  fiebre,  etc. Entonces, sin siquiera hablarlo, decidimos perder unas horas de sueño y lograr que se duermiera nuevamente en su habitación.

Los hijos vienen a romper hábitos, a establecer sus propios criterios y a imponer sus propias reglas. En nuestras manos está el porvenir de ellos, y si hay algo que siempre le menciono a Montserrat es que “las cosas en la vida no siempre son como uno las desea”. La tolerancia a la frustración y el manejo de emociones es de lo que nos estamos olvidando al criar. De la calidad del aprendizaje para la vida que le demos a nuestros hijos dependerá en gran medida su desarrollo como adulto socialmente adaptados.

Hasta la próxima…

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