Cuando Mami no da para más…“madre-mujer-maravilla”

CONVERSANDO CON UNA AMIGA, ella me cuenta que su hija mayor ahora está empezando a controlar sus esfínteres, se encuentra en esta etapa en que ya te avisan del colegio que tu chiquitín o chiquitina ya debe empezar a dejar los pañales desechables y conocer cómo realizar sus necesidades. Nada sencillo, es una tarea difícil que sólo se logra cuando los padres y el profesorado están en perfecta sincronía y psicológicamente manejan el proceso de modo que para el infante resulte un cambio agradable en su rutina y se logre el resultado deseado.

Mi amiga por ejemplo, está embarazada, no tiene una persona a quien le pague en su hogar para las tareas domésticas, trabaja en una gran empresa y tiene una niña de muy corta edad. Me cuenta que para la niña hacer del “2” cada vez que hace un poco, mi amiga tiene que limpiar el retrete para que la niña pueda continuar con su “ardua labor”. Mi amiga, en este momento inolvidable de su rutina diaria, siente que desmaya por las tantas veces que debe limpiar el área para la comodidad de su hija. Nada fácil.
Y yo me pregunto: ¿Qué pasa con aquella madre que pasa mucho tiempo a solas con sus hijos? ¿Será que no nos han designado un espacio, día, hora o minuto en que mamá pueda tan solo respirar y hacer conciencia del aquí y el ahora? El día a día y la presión con la que vivimos a causa del trabajo y las responsabilidades, a veces no nos deja precisamente un sabor dulce de la maternidad. Encima de cumplir con los requisitos profesionales que demandan de ti un tiempo, preparación, tolerancia a la frustración, capacidad de trabajo bajo presión, etc., también tenemos unos pequeños ángeles que están aprendiendo a vivir, que nos esperan cada día ansiosamente para demostrarnos que ellos también están manejando sus propias presiones. Nosotras, con la responsabilidad emocional más grande de guiar a nuestros hijos por el camino de la vida, a veces sentimos que desmayamos en el intento de mantener una estabilidad en nuestra rutina.

Recientemente leí un post que se llamaba “A la mamá cansada”, les copio al final la dirección para que puedan leerlo. Me lo compartió una amiga que también sentía desmayar en el intento, pero en su caso, realmente si llegó a sufrir una severa intoxicación alimenticia, en la que la doctora le indicó que el problema se había desencadenado no tanto por el alimento ingerido, sino por los altos niveles de estrés provocados en mi amiga luego del nacimiento de su segunda criatura. Y yo me volví a cuestionar: ¿Será que somos una generación “más blanda” o “menos resistente” de lo que fueron nuestras abuelitas y nuestras madres? Suelo ser muy crítica conmigo misma y eso me lleva a cuestionarme de esta forma, pero cuando recobro la calma y pienso en el cambio que ha sufrido el papel de la mujer en la sociedad, entonces me imagino con una capa de mujer maravilla, porque nuestras madres y abuelitas no manejaban los niveles de estrés que manejamos nosotras, no transitaban en calles con largas filas de vehículos en “hora pico”, a lo que en mi país se le llaman “tapón”; muchas de ellas no tuvieron la intención o la necesidad de estudiar una carrera para que luego te dijeran que con una carrera “ya no se es suficiente profesional”, entonces tuviste que “completar” con una maestría. ¡Ah! Y no podemos olvidarnos de la crisis económica mundial por la que atravesamos, en la que debemos de dejar una botella de vino en el supermercado (que de paso alivia los nudos que se forman en los hombros por estrés) y en su lugar escoger una formula infantil con suficiente DHA para que nuestros hijos sean muy inteligentes para lidiar con este hermoso planeta. Sí, soy una “madre-mujer-maravilla”, porque ¡sigo viva!

La buena noticia es que estamos realizando el proyecto de nuestras vidas. Cada vez que me siento cansada, me alivia la tensión una frase que me dijo una compañera de trabajo en un momento en que me pesaba la barriga del embarazo de mi segundo hijo y el horario de mi esposo no me ayudaba para nada con mi cansancio. Ella tiene hijos saliendo de la adolescencia y entrando en la adultez temprana, y me dijo un día estas palabras que fueron como bálsamo a mis dolencias: “Ellos crecen y créeme que al final ellos, de verdad, sí se dan cuenta de todo lo que ha hecho mamá. Los míos me dicen “mami tú siempre estas, tu siempre puedes, tu siempre estarás” Y eso me recuerda que mi madre, que gracias a Dios aún vive, siempre ha estado, siempre ha podido y siempre estará para cuando yo la necesite, sin pedir nada a cambio.

Artículo “A la mamá cansada”, ver en http://www.upsocl.com/mujer/a-la-mama-cansada/

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