Mi debilidad por el dolor ajeno

Hace poco me ha tocado enterarme del fallecimiento de seres queridos de personas que conozco. No entiendo exactamente qué  pasa conmigo al momento de saber que una persona está pasando por un momento de tristeza. Asumo que después que me certifique en Coaching, la empatía, una de las habilidades requeridas para desarrollar por el coach para poder asistir a las personas, ha incrementado demasiado en mí.

En ocasiones se trata de personas allegadas a mí, pero que ni siquiera forman parte de mi círculo directo de amistades, y me siento en la necesidad de conversar, llamar, asistir o ayudar a esa persona. Es como si mis pensamientos se dirigieran a sus sentimientos y me ponga realmente en sus zapatos en ese momento.

Después de mi certificación en Coaching Elite siento que mi apoyo puede servirle a la gente aunque no seamos amigos directos. Entiendo que tanto el ser madre como el convertirme en Coach fue un antes y un después para mí como persona. De pequeña me enseñaron que cuando alguien fallece, aunque no conozcas directamente al fallecido, es mi deber asistir al funeral o a una misa. La idea que me inculcó mi madre es que simplemente debemos estar “ahí” porque la gente debe sentir nuestro apoyo. Estoy muy agradecida por esta enseñanza y pretendo que mis hijos sean, en este sentido, empáticos con los demás. No buscamos la perfección para ellos pero si enseñarles las cosas que realmente tienen valor en la vida.

Hace aproximadamente dos o tres meses que supe de la muerte de un familiar cercano a una familia política, y créanme que no saqué  el tiempo (a pesar de que quería hacerlo) para estar con la persona dolida y en mi cabeza ha quedado la vergüenza impregnada. Jamás, si Dios me lo permite, volveré a descuidar esa parte de mí que quiere asistir, estar y apoyar. Quedó en mí un sentimiento de desagradecimiento, como que no completé mi obra como ser humano.

En esta semana te invito a identificar acciones que desarrollen en ti la empatía por el otro. Descubrir que podemos ser mejores cada día es una linda tarea, la cual permanecerá en el tiempo. No te aferres a la idea de que “tu mano derecha sepa lo que hizo tu mano izquierda” porque no estamos llamados a eso y ser empático no es exactamente ganarse la fama o la gloria personal. Es ir más allá de tu ego y dejarte tocar por los sentimientos del otro. Es ponerte en el lugar del otro y sentirte bien solo por haberlo hecho en un momento de dolor o tristeza. Tus hijos agradecerán toda la vida el que les enseñes este valor, el cual le servirá en todo momento y en cualquier situación por la que estén atravesando.

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