¿Qué frena a las personas?

Esta pregunta fue lo que motivó al señor Joseph O´Connor a estudiar coaching, en su disertación de apertura del Congreso Internacional de Coaching celebrado recientemente en Santo Domingo, República Dominicana. El señor O´Connor decía que él pensaba que las personas tienen que tener ¨algo¨ en su interior que de alguna manera les dice que no pueden lograr aquello que se proponen. Realmente si, ese ¨algo¨ se llaman paradigmas y creencias limitantes.

Anthony Robbins, máster coach experto en programación neurolingüística, trabaja específicamente en las limitaciones y barreras mentales, que es lo mismo que dije anteriormente: paradigmas y creencias limitantes. Robbins sabe que lo único que frena a las personas es su propia mentalidad. Es decir, si crees que no podrás lograr algo de por si no lo lograrás, puesto que tu mismo has puesto esta limitante en tu cerebro.

Mientras me certificaba en Coaching Ontológico con Arturo Orantes, hicimos un ejercicio que trataba este tema. Arturo decía que como Coaches no podríamos tener limitaciones en nuestro cerebro, porque entonces correríamos el riesgo de limitar el progreso del Coachee. Era como si fuésemos a deprimir el coachee con nuestra actitud limitante.

La vida del coach no es perfecta, tenemos también nuestros problemas con los cuales lidiar, sin embargo, podemos ser la diferencia al trabajar con una persona y creernos primero que todo es posible, para entonces transmitir esa misma energía al coachee mediante las preguntas que le hacemos. Hace poco escuchaba un audiolibro llamado ¨Pide y se te dará¨, lo compré con la motivación de que estas palabras son bíblicas. Al inicio del audiolibro me extrañó muchísimo que hablaba solo del universo y esta presencia que tenemos a nuestro lado que no vemos pero que está en sintonía permanente con nosotros, es como nuestro eco. Estaba un poco insegura de lo que estaba escuchando, pero más adelante entendí la conexión que se trataba establecer para uno poder entender el concepto de la ley de atracción y demás temas relacionados. Todo el mensaje más adelante tomó forma y lo entendí perfectamente, de hecho, al inicio del audiolibro decían que solo aquellos que estén preparados mentalmente entenderían todo el audiolibro, y que solo asimilarías el mensaje que en ¨este momento¨ estuvieras preparado para recibir. Y ahí fue donde empezaron a hablar de Dios y la conexión de El con tus deseos mas profundos.

Hay una frase que explica exactamente lo que entendí. Si no tienes un deseo ardiente de conseguir tus objetivos, progresar, obtener más significados de calidad en tu vida, entonces no le pidas a Dios y/o al universo que conspiren para que logres eso que deseas. Debes estar en sintonía con tus pensamientos, que sean positivos, pero también debes trabajar para lograr eso que tanto deseas. Esta frase te lo dice claramente:

d2491c83898eb683362216f063176871

Anuncios

Aquello que me quita el sueño…

No sólo son mis hijos (directamente).

Un profesor de mi maestría comentó un día: “aquello por lo que te desvelas y te quita el sueño, por eso debes luchar. Cuando las ideas que tienes en tu cabeza te roben la posibilidad de dormir, ese es precisamente el sueño que tienes que llevar a la realidad. Levántate, toma papel y lápiz y escribe todo lo que tengas en la cabeza, así sean ideas absurdas (según tu) o ideas sin sentido. Y aquí estoy, 4:48am, después de darle leche a mi hijo recién nacido y dejarlo dormido nuevamente, me invade este deseo tan fuerte de escribir.

La razón por la cual mi cerebro anda “descontrolado” es porque estuve participando en el primer Congreso Internacional de Coaching que se celebra en mi país, República Dominicana. Los temas del congreso apuntaban a tres ejes centrales: Ser, Perspectivas y Transformación. Estos puntos fueron abarcados por los expositores exitosamente. En mi caso, fui tocada muy fuertemente con la charla de la señora Norma Alonso, educadora, coach y escritora de libros referentes a la revolución educativa que es necesario que adoptemos en el mundo.

Para mi sorpresa, ahora que reviso las notas que tomé en cada conferencia, a pesar de que escribo muchísimo, en el tema de la señora Alonso no tengo muchas notas que revisar. La razón es sencilla: lo que me dio a conocer esta expositora tiene que ver con esas ideas locas y sueltas que he tenido desde hace un tiempo en mi cabeza. Ella explicaba que la escuela tiene una gran necesidad de educar para la vida. Su experiencia de parálisis en todo el cuerpo le enseñó que, al momento en que la vida te presenta una crisis, tus títulos, tu estatus social y todo lo que tu “ego” se ha ocupado de “hacer y tener”, en este momento de crisis no te sirve de nada. Es el momento de demostrar que tu Ser puede salir adelante sin “poder hacer” o “poder tener”. La escuela  y la educación de los pueblos necesita revolucionarse para educar en cómo saber vivir; cómo afrontar las crisis, el desempleo, las situaciones sociales y familiares.

“El núcleo del aprendizaje es la relación” y si no enseñamos a nuestros hijos a relacionarse e interactuar con su entorno seguiremos preparando hijos e hijas para la guerra.  ¿Qué? ¿Para la guerra? ¡No puede ser! Si yo a mis hijos lo que trato es de evitarles las caricaturas en la televisión que son violentas, no les compro juegos que fomenten la violencia, etcétera, etcétera… Exacto, estamos controlando las cosas externas con las que nuestros hijos se rozan. Sin embargo, en esta magistral conferencia de la señora Norma Alonso, la frase que provocó en mí esta revolución de pensamiento, que viene a completar mis ideas sueltas (aquellas que me quitan el sueño) acerca de la crianza y la necesidad de trasmitir mensajes a las escuelas y colegios de mi país, fue esta:

Guerras

Visión de la Familia

Imagen tomada de http://www.pinterest.com/feun/citas-sobre-competencias-y-salidas-profesionales/

La semana pasada participé en un encuentro para padres organizado por la comunidad Nuestros Hijos RD.  Se trataba de una charla impartida por el Señor Javier Valdez. El tema se llamaba “Familias Extraordinarias”.

En la charla se hablaba, en primer lugar, de que cada familia debe tener un norte, un objetivo común qué perseguir como familia. Como soy Coach, las preguntas necesariamente me colocan en una posición reflexiva. Una de las preguntas que más me llegó decía algo así: “¿De qué te sirve correr solo o sola con tu visión si al final del camino eres parte de un equipo que es tu familia?” Esta pregunta me puso a pensar: ¿Cuántas veces queremos dirigir (como mujeres y madres al fin), es decir, llevar las riendas de la casa, de los niños, del marido, de la niñera, etc.? ¿Por qué asumimos este papel protagónico las mujeres y nos llevamos todas las maletas sobre nuestros hombros? ¿Será que cansancio y agotamiento son palabras que no podemos mencionar? ¿Será que nuestra pareja no se da cuenta exactamente de que nos cansamos de llevar nuestra visión adelante, como caballos que no miran hacia los lados y que nos gustaría expresar hacia donde queremos ir y que nos acompañen en el camino? En ese mismo instante, como si estuviera dentro de mi cabeza, el conferencista interrumpió mis pensamientos con una pregunta bien sencilla: “¿alguien en el público que desee hacer alguna pregunta antes de continuar con mi exposición?” Yo, como por arte de magia, levanté mi mano (cosa que casi nunca hago en charlas breves) y pregunté: ¿Qué pasa cuando las mujeres tenemos esta “visión” tan clara, que “entendemos y vemos” claramente hacia dónde queremos llevar a nuestras familias y la persona que te acompaña no entiende exactamente cuáles son esas prioridades que has trazado para el futuro familiar? Su respuesta no se hizo esperar y, lo que me explicó, realmente cambio mi forma de visualizar mi visión (valga la redundancia). Sus palabras fueron claras, precisas y muy atinadas, pero sobre todo basadas en la Biblia, y yo como soy creyente, me dejé llevar por esta danza de palabras que me devolvían esperanzas perdidas. Me dijo: “Con SABIDURÍA. La mujer sabia edifica su casa. Lleva TU visión a ser la visión de los DOS, la visión del matrimonio; y que haya un punto medio entre los dos, de negociación, para lograr la visión de la familia”. Para mí, fue palabra de Dios.

Más adelante, el Sr. Valdez expuso una frase en la pantalla, de la autoría de Michael Jordan, que dice “El talento gana juegos, pero el trabajo en equipo y la inteligencia ganan campeonatos” Ahí quedaron mis dudas despejadas, por completo.

Las separaciones de parejas tienen mucho que ver con las tantas veces que decidimos tirar la toalla. Sin embargo, soy de las que pienso que si en algún momento nos separamos, no me gustaría ser señalada como la mujer que “no hizo nada para mejorar las cosas”. Realmente, mi personalidad (inquieta) no me permite acomodarme a la posición de esperar que el tiempo diga, o que el tiempo demuestre quien hizo qué. Prefiero ser recordada como una persona que lo intentó todo por su familia. Si al final las cosas no resultan, estaré en paz conmigo misma por haber hecho todo lo que pude.

Una vez en un curso me dijeron esta frase que acogí como una de mis frases alentadoras: “las respuestas las buscamos fuera de nuestro circulo cercano, pero al final las respuestas están en tu familia; tienes que volver al origen, a donde pertenecen tus raíces”.

Mi debilidad por el dolor ajeno

Hace poco me ha tocado enterarme del fallecimiento de seres queridos de personas que conozco. No entiendo exactamente qué  pasa conmigo al momento de saber que una persona está pasando por un momento de tristeza. Asumo que después que me certifique en Coaching, la empatía, una de las habilidades requeridas para desarrollar por el coach para poder asistir a las personas, ha incrementado demasiado en mí.

En ocasiones se trata de personas allegadas a mí, pero que ni siquiera forman parte de mi círculo directo de amistades, y me siento en la necesidad de conversar, llamar, asistir o ayudar a esa persona. Es como si mis pensamientos se dirigieran a sus sentimientos y me ponga realmente en sus zapatos en ese momento.

Después de mi certificación en Coaching Elite siento que mi apoyo puede servirle a la gente aunque no seamos amigos directos. Entiendo que tanto el ser madre como el convertirme en Coach fue un antes y un después para mí como persona. De pequeña me enseñaron que cuando alguien fallece, aunque no conozcas directamente al fallecido, es mi deber asistir al funeral o a una misa. La idea que me inculcó mi madre es que simplemente debemos estar “ahí” porque la gente debe sentir nuestro apoyo. Estoy muy agradecida por esta enseñanza y pretendo que mis hijos sean, en este sentido, empáticos con los demás. No buscamos la perfección para ellos pero si enseñarles las cosas que realmente tienen valor en la vida.

Hace aproximadamente dos o tres meses que supe de la muerte de un familiar cercano a una familia política, y créanme que no saqué  el tiempo (a pesar de que quería hacerlo) para estar con la persona dolida y en mi cabeza ha quedado la vergüenza impregnada. Jamás, si Dios me lo permite, volveré a descuidar esa parte de mí que quiere asistir, estar y apoyar. Quedó en mí un sentimiento de desagradecimiento, como que no completé mi obra como ser humano.

En esta semana te invito a identificar acciones que desarrollen en ti la empatía por el otro. Descubrir que podemos ser mejores cada día es una linda tarea, la cual permanecerá en el tiempo. No te aferres a la idea de que “tu mano derecha sepa lo que hizo tu mano izquierda” porque no estamos llamados a eso y ser empático no es exactamente ganarse la fama o la gloria personal. Es ir más allá de tu ego y dejarte tocar por los sentimientos del otro. Es ponerte en el lugar del otro y sentirte bien solo por haberlo hecho en un momento de dolor o tristeza. Tus hijos agradecerán toda la vida el que les enseñes este valor, el cual le servirá en todo momento y en cualquier situación por la que estén atravesando.

El momento de Mamá

941748_557771180912421_1125582459_n

Mi esposo trabaja en horario rotativo. El considera que soy una persona que no le gusta dormir, lo dice porque cuando le toca entrar a las 7am a su trabajo, debe levantarse a las 5:45am y yo procedo a levantarme y “buscar qué hacer” desde que me levanto. A decir verdad, para mí, el exceso de dormidas me aturde, y me deja con la sensación de que estoy perdiendo tiempo precioso que pudiera invertir en muchas otras cosas.

Siendo adolescente solía dormir hasta muy tarde y mi madre siempre me dijo que lo ideal era que yo dejara de ser tan dormilona para que cuando me casara y tuviera hijos el querer dormir tanto no me pesara. ¡Y así fue! Ya no soy aquella adolescente que amaba levantarse a la 1pm ya para la hora del almuerzo.

Siendo madre de dos chiquitines, una de 3 años y uno de 1 mes y algunos días de nacido, la verdad es que me cuesta mucho tener un momento a solas para mí. Yo valoro en exceso el tiempo personal y esto las madres lo perdemos en el momento en que traemos al mundo un hijo. ¡Y ni hablar de cuando ya caminan o hablan claro, que no tienes momentos ni siquiera para ir al baño a hacer tus necesidades “a solas”! La verdad es que levantarme de madrugada y tomarme una rica taza de café “conmigo misma” no tiene precio. Vivo en un lugar que a primeras horas de la mañana escuchas el cantar de los pajaritos, la temperatura es muy agradable y hay bastante naturaleza para apreciar. Es el momento perfecto para dar gracias a Dios por la vida, por la familia, por las amistades y las experiencias de vida que han sido extraordinarias.

Madrugar para mi es el momento perfecto de mamá. Ver a tus hijos dormir plácidamente, en sus camitas y con la paz que les caracteriza (que quede claro que solo sucede cuando están durmiendo) es el momento perfecto para que mami al fin pueda sentarse a ver una película sola, o decida escribir en su blog, o aproveche para terminar de arreglar eso que cuando ellos están presentes y despiertos no es posible realizar. Este es el momento perfecto donde mi parte creativa sale de paseo y se me ocurren muchas ideas, también encuentro soluciones a problemas cotidianos que con la agitación del día a día no logro encontrar la respuesta.

Estoy convencida de que valoro tanto este momento por la duración que tiene. Paulo Coelho, el famoso novelista, compositor de canción popular, periodista y dramaturgo brasileño, escribió una vez este párrafo: “Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. El instante mágico es el momento en que un sí o un no pueden cambiar toda nuestra existencia.” Creo que levantarme tempranito es el instante mágico de mamá, donde digo “sí” a ese momento que es solo para mí.

“La necedad se paga cara”

mafalda-convivenciaA menudo se dice que el respeto al derecho ajeno es la paz, según la famosa frase de Benito Juárez, sin embargo, cuando se trata de ser empático y “ponerse en el zapato del otro” a veces olvidamos que irrespetamos ese derecho que tiene el otro a ser respetado.

Sucede que en situaciones de la vida cotidiana, en el entorno donde vivimos con nuestros familiares, tu derecho comienza donde termina el mío. Llegando a casa luego de una visita muy agradable al salón de belleza, aparcando el vehículo me doy cuenta de que una vecina ha utilizado parte de mi parqueo para estacionar su gran vehículo. Yo tengo un automóvil pequeño, pero eso no significa que deje de ser un automóvil al fin y al cabo. Al darme cuenta de que si me parqueaba iba a suceder lo mismo con mi vecino del parqueo de al lado, decido llamar a mi casa para que alguien vaya donde mi vecina y le pida que por favor arregle su vehículo en el estacionamiento del edificio. La señora al parecer tenía mucha prisa y al salir (malhumorada) movió su vehículo y lo estacionó de mala gana, pero lo colocó de buena forma, ¡qué ironía! Al desmontarse de su vehículo le esperaba un taxista, porque al parecer tenía una salida e iba muy apresurada. Por la prisa que llevaba, dejó las luces de su vehículo encendidas y se desmontó corriendo para ir a apagarlas. Mi esposo que se encuentra en el parqueo ve las luces y le dice: “dejó las luces encendidas” a lo que ella, corriendo por el parqueo, le contesta: “la necedad se paga cara”. Y yo haciendo un análisis de la situación me pregunto: ¿la necedad mía, por haber exigido mi derecho a mi parqueo y por no querer atropellar la llegada de mi otro vecino que iba a encontrarse con la misma situación? ¿O la necedad de ella, que no quería mover el vehículo porque llevaba mucha prisa? Pero, poniéndome en sus zapatos, me atrevo a preguntarme: ¿será que ella misma se llama necia por no haber parqueado correctamente su vehículo al llegar? No me suena ilógico.

Realmente estamos acostumbrados a exigir nuestros derechos, pero cuando nuestros derechos son violentados, atropellados o eliminados olvidamos que los demás también tienen derecho.

Me encanta escuchar a Alberto Cortés y una de mis canciones favoritas es precisamente “Los Demás”, y por lo que me gusta es porque dice “nunca estamos conformes del quehacer de los demás…”, porque la justicia solo la aplicamos para nosotros mismos y cuando no nos conviene algo entonces es “injusto lo que me hacen”. Aquí les comparto algunas líneas de la letra de la canción:

“Nunca estamos conformes del quehacer de los demás y vivimos a solas sin pensar en los demás, como lobos hambrientos, acechando a los demás, convencidos que son nuestro alimento, los demás.

Los errores son tiestos que tirar a los demás; los aciertos son nuestros y jamás de los demás; cada paso un intento de pisar a los demás, cada vez más violento es el portazo a los demás.

Las verdades ofenden si las dicen los demás, las mentiras se venden, cuando compran los demás; somos jueces mezquinos del valor de los demás pero no permitimos que nos juzguen los demás.

Apagamos la luz que, por amor a los demás, encendió en una cruz, El, que murió por los demás; porque son ataduras, comprender a los demás, caminamos siempre a oscuras sin contar con los demás.

Nuestro tiempo es valioso, pero no el de los demás; nuestro espacio, precioso, pero no el de lo demás, nos pensamos pilotos del andar de los demás; “”donde estemos nosotros… que se jodan los demás””.

Condenamos la envidia, cuando envidian los demás, más lo nuestro es desidia, que no entienden los demás. Nos creemos selectos entre todos los demás; seres “”pluscuamperfectos””, con respecto a los demás.

Y olvidamos que somos, los demás de los demás; que tenemos el lomo como todos los demás, que llevamos cuestas, unos menos y otros más, vanidad y modestia como todos los demás…

Y olvidando que somos los demás de los demás, nos hacemos los sordos, cuando llaman los demás porque son “”tonterías”” escuchar a los demás, lo tildamos de “”manía”” al amor por los demás.”

Imagen tomada de http://static1.aureo.es/agrensis/59642227/36966/IMAGE/mafalda-convivencia.jpg